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c)Pre textos de Inverecundia 29/05/2009 18:22:03 |
PRE TEXTOS DE INVERECUNDIA Plaqueta publicada por la Luciérnaga Editores, Guadalajara, 1995. Consta de siete cuentos irreverentes. COMENTARIOS La creación literaria le da el pretexto a Elsa Levy para dar la voz al cuerpo femenino y preguntarse por su propia voz. La sensibilidad de la autora y su agudeza en el contar con precisión y agilidad se aprecian de inmediato en el texto. Los cuentos breves que aquí se reúnen nos relatan con soltura, desenfadadamente, anécdotas simples con las que la escritora da muestra de un fino sentido de observación y de su capacidad por recrear el habla de sus personajes. Las grietas que forman la narrativa de Elsa Levy -traviesa, leve, gozosa- son muchas y con ellas podemos vislumbrar las distintas honduras e intensidades del alma de la escritora. El placer de contar, que como todo buen narrador entretiene y sujeta el interés del lector, se abre hacia intersticios temáticos y formales que nos muestran una escritura más madura, comprometida en la búsqueda de su tono íntimo y personal. […]Este registro de hilaridad y desconcierto recorre éste como los anteriores trabajos de Elsa Levy (Bajo la piel y El vuelo de la iguana) y creo que se circunscribe en la búsqueda de la voz femenina y que pasa necesariamente por el reconocimiento del propio cuerpo de la mujer. Desentrañar el erotismo femenino es una tarea y un mérito que la autora comparte con varias escritoras de nuestra época. Elsa, con una gracia e intuición está atenta a escuchar la voz del deseo y desenmascarar los perfiles y acentos que tiene en el imaginario erótico de la mujer. […] Con todo esto no quiero más que reitrar que la sabrosura en el contar dan fe del oficio de Elsa Levy cuyos textos se leen con placer y en los que se reconoce el guiño permanente de una mujer que mira con irreverencis y sabe que esa es la fuerza contra la solemnidad y la iracundia. Verónica Valenzuela Escritora EL DESPIDO DE BAUTISTA Pues sí, mi jefe está encabronadísimo desde que le vinieron con la noticia de que ahora, Bautista, el contador, es el nuevo tesorero municipal. De pronto no lo creyó, yo le oí decir: “¡En la madre! no puede ser Bautista al que nombraron, si los indicados eran el profesor Elías, o el periodista Eleazar A mí me dio rete harto gusto lo del nombramiento, es que la mera neta, Bautista no se merecía lo que le hizo don Herodes. Pocos conocen el rollo, y yo soy uno de ellos; ya si no, con los quince años que llevo de ser chafirete del ruco. Me trata bien, pero, bueno, aparte de que no soy nada güevón, no boconeo las cosas que vislumbro y orejeo: llevarlo para allá, esperarlo por acá, oír todito lo que él habla por el celular, y hasta defenderlo de los hocicos de los changos de la compañía, además; como quien dice, soy su alcanfor. Pero lo que le hizo a Bautista fue una chingadera de poca madre. ¡Qué jarioso el viejo! no contento con zumbarse a todas las secretarias, se metió con la Heroditas, la puta esposa de su broder Felipe. Y yo me pregunto por qué habiendo tantas viejas en el mundo, se tuvo que coger a la de su carnal, y me contesto que para los ricos debe ser correcto, porque si los pobres hacemos eso, el brox cornudo nos da de balazos sin importarle ir a chirona. Pues esa fulana hizo que don Herodes se enculara con ella. La neta, está buena la cabrona, pero para mí es una puta traicionera. El caso es que el picudo comenzó a comprarle un chorro de cosas: un vocho, trapos curros, anillos de orégano y hasta se me figura que el chante en donde cogían. Yo lo llevé ahí muchas veces. Entonces, Bautista, como era el que contaba la marmaja, comenzó a decirle a mi jefe que no gastara tanto, pero él, con lo culeco que andaba con su cuñis, lo mandaba derechito a la chingada. Un día me tocó oír una alegata entre ellos. Bautista chachalaqueaba que ya mero iba a haber una junta de accionistas y que había un ..., defi..., defich..., un sabe qué cosa, pero yo entendí que faltaba morralla en el cajón. Don Herodes le hizo mala cara y le dijo que no estuviera jodiendo, y luego, más al rato, el muy ladino quería que Bautista le ayudara a fregares a los otros socios. Pero el contador le dijo que no, que quién le mandaba andar de chile frito y nalga pronta, gastando más de lo que le tocaba. Después, en el carro, cuando llevaba a los dos enamorados a un cabarete, orejié que ella lo retaba: “Mailov, cómpralo con una mochada, o ponlo de patitas en la calle, ¿qué no eres más coludo que él?” Don Herodes le dijo que no podía correrlo porque lo necesitaba, y que era un buen contador y no aceptaba mordidas. La doña se encabronó todita. Yo he pensado que odiaba a Bautista porque a lo mejor ella le tiró los canes y él no la peló, y además, por derecho. Cuando faltaba una semana para la pinche junta, se atravesó el cumpleaños de don Herodes. Se le llenó el cantón de clientes, proveedores y hasta políticos, pero para mí eran puros gorriones. Como el jefe me mandó vestirme de pingüino y hacerla de mesero, pude clachar y echar oreja a todo lo que pasó en el fiestón. Por la gorda de la cocina me enteré que la Heroditas tenía una hija llamada Salomé que acababa de llegar de Brasil en donde estaba estudiando, y pues que también el bochinche era para ella. La chava, que es un cuero de los que me recetó el doctor, es flais, pero con unas naylon respingadas como si fueran dos balones de fútbol, y unos chamorros como los que les vi en la tele a las concursantes de la mis universo. Traía una minifalda que apenas le tapaba los calzones, bueno, el bikini que ahora le dicen de hilo dental. Mi compadre Mateo no me creyó cuando le platiqué que se lo vi. Y sí se lo vi. El bikini era negro. Traía también una como blusa color plata, con un escote por el que se le salían unas mamilas de ¡válgame Dios! ¡De la que se perdió mi compadre! Luego vino lo más bueno cuando comenzó a bailar Lambada. A todos los machos se nos cayó la babota, y puedo asegurar, porque a mí me pasó, se nos alborotó el pájaro. El más encarlangado era don Herodes; con eso de que era su sobrina no la soltaba baile y baile con ella; y había que ver cómo se la embarraba. El muy cabrón yo hasta pienso que se le aventó. ¡Incectuoso! como dicen en la telenovelas. También eso mismo lo debe de haber pensado la Heroditas, porque toda la noche anduvo con cara de pedo aguado echándose copa tras copa, eso sí, disimulando junto al cornudo de su marido Felipe, que no dejo de pensar que es un idiota, si mi Chole anduviera con esas puterías, pos estoy seguro que yo me daría cuenta, primero le mocharía las bolas al hijo de la chingada, y luego le enterraría siete puñales a la mancornadora. Bueno, pues cuando terminó la bailada, don Herodes, dándoselas de muy muy, le dijo a su sobrina en voz alta y delante de todos los invitados: “Muñecona, pídeme lo que quieras, yo te lo daré”, y le juró: “todo lo que me pidas te lo daré, aunque sea la mitad de mis acciones en la compañía Yo pienso que también le debía haber ofrecido la droguiza que se echó por culpa de su madre. La muchacha, tarada, como todas las viejas que conozco, fue a buscar a su moder. Como en ese rato yo le estaba sirviendo otro chupe a la cara de pedo, alcancé a orejear lo que la changuita le preguntó: “Jefa, ¿qué he de pedir? Ella le contestó como achicharronando las palabras: “La renuncia de Bautista La nenorra llegó corriendo junto al ruco y le dijo: “Quiero que al instante me des en una charola, la carta de renuncia de Bautista Bien se miró que don Herodes no esperaba ese caprichito, hasta se le arrugó la frente más de lo que la tiene, pero como no se podía rajar, y menos frente a todos los gorriones que habían oído todo, tuvo que tragar camote y aceptar. Entonces clachó que yo estaba parado cerca de él, tieso como una mazorca, y me habló y me dijo: “Marcos, mientras yo llamó por teléfono a Bautista, te me vas volando a su casa, él te entregará su renuncia” Y así fue, las malditas coquetas se salieron con la suya; pero para mí, que don Herodes se quedó sin miel y sin jícara, porque desde esa noche ya no lo llevo al cantón en donde cuelaba con la mancornadora, y la muchacha se peló de nuevo a Brasil. Por eso me da mucho gusto de que el contador Bautista sea ahora tesorero municipal, y que don Herodes ande como trompo chillador, según orejié, preparándose para la próxima auditoría. |