Bienvenida

Trayectoria

Currículo

Premios

Obras Publicadas

Libros

Infantiles

Cuentos Infantiles

Canción Desjaretada

Contacto

Comentarios

Distribuidora Cima

Venta
Escritora
Libros
Todas las imágenes de este álbum Siguiente Imagen >>
a)El Vuelo de La Iguana
a)El Vuelo de La Iguana
26/05/2009 15:05:48

EL VUELO DE LA IGUANA


Publicado por Juan Pablos editores, México, 1991. Contiene veinticinco cuentos de los géneros: costumbrista, humorístico, erótico. Libro premiado en 1992, con el premio Colima “Longinos Banda”, otorgado por la asociación colimense de periodistas y escritores A.C


COMENTARIOS


“El trabajo literario suele ser, en no pocas ocasiones, un ejercicio de humildad y paciencia, una especie de amante implacable que nos exige abonar en su difícil surco nuestro esfuerzo más vital, el más apasionado, el más intenso. No de otro modo se consigue cosechar sus frutos, no de otro modo adquiere luz ante nuestros ojos lo invisible. Elsa Levy ha emprendido esta ardua tarea y El vuelo de la iguana es el primer racimo de sus logros.

            Cuentista por naturaleza, Elsa Levy se manifiesta como una oficiante literaria que tiene qué decir y, lo mejor, que tiene los recursos con qué decirlo. Su imaginación y su sensibilidad se conjugan con una aguda capacidad de observación que le permiten descubrir, en el mundo de las realidades cotidianas, los mundos de la otra realidad, la secreta, la desconocida, la que nos habita sin que nos demos cuenta: la de nuestras innombrables fantasías, la de las voces del sueño guarecidas bajo la costra de la vigilia, la de las palabras que callan lo que pretenden explicar, la de las alegrías incomprendidas, la de la magia que no nos atrevemos a admitir porque a veces no estamos ciertos ni de nuestra propia existencia. Y todo ello dicho con una sencillez que nos lleva de la mano, con una claridad que deslumbra, con una precisión que es daga que hiere o pétalo que acaricia, o amor que quita la vida, o piel intocada que seduce.

            Cuentos los de este libro en los que la pasión está en primer plano: la pasión de los personajes que viven y vibran por cuenta propia, y la pasión de la autora; que hace del oficio literario un estilo de vida a la vez que una entrega caudalosamente amorosa.

Agustín Monsreal

 Escritor


“No es fácil darle vida a la anécdota. Es necesario fundirse en ella; darle nuestra voz, nuestra forma, nuestra esencia. La doctrina hindú nos lo dice así: “Si quieres describir la flor…, vuélvete flor”:

            Elsa Levy logra esa fusión literaria y se lanza a describir hechos, pensamientos y vivencias, buscando el camino de llegar a ser el núcleo “FLOR” de cada acento vital. Es un gran comienzo y un acertado impulso que la llevará a conquistar la arquitectura interna de su fecunda y creadora observación; gracias a ella, Elsa nos delinea sin ambages, sin mistificaciones, sin tabúes, personajes absolutamente reales. Están siempre ahí, en el entorno que les pertenece, que justifica su acción; no les sobran ni les faltan matices.

            El vuelo de la iguana es, sin duda, un cautivante caleidoscopio de verdades. En esas verdades, el lector cabalga y busca—como la autora—ser y estar inmerso en cada movimiento literario; por eso, nos atrapa el ávido deseo de hundirnos en los profundos ojos de la enorme iguana; porque somos como ella: prisioneros en un dentro de ásperas envolturas, de pesados movimientos, de torpes reflexiones, y como ella, ansiamos crecer… ¡Crecer! Abrirnos a la luz…, “llenar nuestros ojos de azul”… Y, sabe: al fin crecer duele…, pero salen alas.

            Elsa Levy crecerá

Vera Vázquez

Escritora, maestra y dramaturga


IGXÚ

Cuento en el libro:

El Vuelo de La Iguana


La luna  iniciaba ya su retirada. Gerbacio se levantó temprano como todos los días para revisar las trampas que por las noches dejaba dispuestas. Al llegar, en la trampa mayor descubrió apretujada e inmóvil a una inmensa iguana.

“¡Híjole, qué grandota! -se refociló -Nunca había visto una igual… ¿Cuántos kilos pesará?… ¡Ya la hice!”-El hombre, imaginando sus futuras utilidades, tallaba una contra otra sus manos encallecidas.

            La agitación de cada mañana al comprobar que en sus trampas había caído una iguana, era el único esparcimiento en la soledad del iguanero. La madrugada de los domingos las sacrificaba para llevar la carne, aún caliente, al mercado de Tecomán.

            “Qué iguanona -Seguía reflexionando-, hasta se ve chula con esos colores que le relumbran: verdes, amarillos, azules y anaranjados, son como un arco iris. ¡Ah, chingado! ya despertó. ¡Madre mía! tiene los ojos azules, hasta parecen de mujer -Un invisible imán retenía a Gerbacio observando con asombro a la criatura; ésta, alzó la cabeza y asentó su mirada en la del iguanero. La brisa del amanecer dispersó un susurro.

            -Gerbacio.

            El hombre giró la cabeza buscando a su alrededor para ver quién lo llamaba. Escuchó de nuevo su nombre. Era una voz melodiosa, vibrante, suspendida en el aire. Gerbacio caminó hacia atrás; indagó entre los matorrales sin encontrar a nadie. Oía la voz pero desconocía su procedencia. Comenzó a impacientarse. Al dar la media vuelta para regresar a su cabaña, escuchó con claridad:

            -No busques más, soy yo, Igxú, la que te está hablando.

            El trampero dando un traspiés viró. Sus ojos quedaron presos en los pozos azules del reptil que parecía mirarlo con desaliento.

            “¿Será ella la que me habla? -se preguntó- No, no puede ser, las iguanas no hablan -se tranquilizó a sí mismo”.

            -Ven, acércate -escuchó, ahora sin ponerlo en duda, la orden que procedía del animal.

            “Sí, es ella. Y sus ojos me miran como me miraba Jacinta mi mujer la noche que nos casamos”.

            -Gerbacio, por favor, abre la puerta, sácame de aquí.

            “Ahora veo sus ojos llorosos como los tenía Jacinta cuando se estaba muriendo y me pedía que la ayudara. La iguana sufre, quiere que la saque de la jaula y yo siento muchas ganas de hacerlo, para poder tocarla, ver sus ojos más de cerca y seguir oyendo por horas su voz, su voz de mujer en medio de este silencio.”

            Sin dudarlo, Gerbacio abrió la jaula. Igxú salió y permaneció quieta cerca de la puerta. Sin temor, el iguanero se acercó, extendió sus dos manos y comenzó a acariciar el cuerpo de la iguana mientras las palabras se escapaban de su boca.

            -Tu piel es lisa y suave, no escamosa como todas; tu cresta es alta y se desparrama sobre tu cuerpo como si fuera una larga cabellera; tus colores tampoco los tienen las demás. Debes ser la reina de las iguanas. ¿Por qué viniste tú? ¡Háblame!

            Igxú con movimientos cadenciosos se fue irguiendo. Quedó de pie ante los ojos incrédulos del hombre. Después extendió sus extremidades superiores, las colocó sobre los hombros del iguanero y dijo:

            -¡Quítate la ropa!

            De prisa y sin cuestionarlo, Gerbacio cumplió el mandato. Cuando quedó desnudo y anhelante frente a la criatura, ella mantuvo fijos sus ojos en los de él. Pasados unos instantes fluyó de ellos un haz luminoso y multicolor que fue a sumergirse en las pupilas dilatadas del hombre, cuyo cuerpo comenzó a temblar sin control, al mismo tiempo que de sus poros manaban diminutas cascadas de sudor. Poco a poco la piel masculina se fue transformando, se torno reseca y de un tono verdoso oscuro; las uñas de sus manos y pies crecieron y se curvaron, sus ojos desmesuradamente abiertos perdieron la expresión.

            Igxú dio un pasó hacia atrás contemplando su obra, luego comenzó a emitir un sonido envolvente que salía, no de su garganta, sino de sus entrañas. Las notas mágicas fueron tejiendo una barrera energética que mantenía inmovilizado al hombre. De súbito, la iguana suspendió su canto; los ojos de Gerbacio no podían separarse de ella. Sobrecogido, fue testigo de cómo las extremidades superiores de Igxú iniciaban un movimiento ondulante, interminable, para después transformarse en dos alas multicolores. Finalmente, sin poder evitarlo contemplo cómo se elevaba con lentitud hasta que su silueta se confundió con los rayos del sol que recién había despertado.

            Al quedar solo, Gerbacio retornó a la movilidad y con ella la cordura. Con falsa esperanza buscó en rededor. Sólo encontró los arbustos que se balanceaban con la brisa matutina, el sol radiante en el firmamento y la jaula vacía con las puertas abiertas.

            -Igxú, Igxú,¿en dónde estás? ¡No te vayas como se fue Jacinta! No quiero estar solo. Igxú, ¡regresa!- gritó una y mil veces hasta quedar sin voz.

Meses después, un grupo de cazadores pasó por el lugar. Se toparon con una jaula con las puertas abiertas; adentro, hecho ovillo, el cadáver de un extraño y enorme reptil. Con asombro descubrieron que guardaba una semejanza extraordinaria con el perfil de un hombre.

Todas las imágenes de este álbum Siguiente Imagen >>



Bienvenida
Trayectoria
Currículo
Premios
Obras Publicadas
Libros
Infantiles
Cuentos Infantiles
Canción Desjaretada
Contacto
Comentarios
Distribuidora Cima
Venta
Bienvenidos a mi mundo